¿Alguna vez te preguntaste por qué no puedes mover un pie sin consultar con tu pareja? ¿Existe algún familiar o relación de la cual no puedas independizarte? ¿Siempre procuras que alguien con quien te relacionas satisfaga todas sus necesidades y tu cumples con ello? ¿Sientes ansiedad o estrés si una vínculo se aleja física o emocionalmente de ti? ¿Crees que no puedes vivir sin alguien?

Son preguntas que, respondidas por sí solas, no explican un cuadro de dependencia o codependencia, pero que juntas entre sí y unidas a varias más, pueden denotar que alguien dependen de algo o alguien y que, en diferente grado, puede ir desde algo simple a algo complejo y patológico.

Nacimos para ser libres, sin embargo, la vida que aprendemos y experimentamos, nos va marcando la pauta de cómo conducirnos y hacia donde ir. Muchas veces no sabemos realmente si vamos por donde queremos o por donde obedecemos o, y aquí el núcleo de la cuestión, por donde dependemos y sentimos (aunque sea irreal) más seguridad.

Creo que depender es algo que tiene origen en la supervivencia como persona. Depender en cierta medida se fusiona con el apego primario de subsistir. Pero, a medida que vamos logrando habilidades que nos van dando libertad de pensamiento, sentimiento y acción: ¿Qué necesidad nos hace depender?

Nos hace depender la inseguridad emocional

Sí, la inseguridad emocional proviene de un sistema de creencias y valores, reafirmados por experiencias previas, más disfunciones de la personalidad (autoestima, confianza, convicciones, decisión, aceptación, auto-aprobación), que nos mantiene en constante duda de quiénes somos y cómo somos, de qué tan bueno es ser quienes somos y qué tan peligroso resultaría.

Esto bajo la mirada escrutadora del grupo familiar y bajo la amenaza inminente de poder ser rechazados, excluidos, castigados o ignorados. Todo, finalmente, se vincula con la necesidad afectiva de cuidado, protección, acompañamiento que experimentamos desde que nacemos, los códigos de conducta, la ejemplaridad, la guía emocional.

Diversos factores confluyen en una madeja difícil de desenredar pero no imposible. A la dependencia no se llega por caminos llanos y fáciles de identificar. La mayoría de las personas no saben cuáles son sus sentimientos, sus inseguridades y quiénes son o desean ser.

Todo es un proceso inconsciente a través del cual queremos darle respuestas a estos enigmas pero no siempre la acción se empareja con la intención escondida en esa parte de la psique.

Por inseguridad hacemos cualquier cosa

Desconocernos es un gran callejón sin salida llamado “Inseguridad” y solo se sale de el, empezando a hacernos preguntas: muchas preguntas y buenas preguntas.

Mucho de lo que queremos evitar termina sucediendo y retroalimentan las inseguridades personales con base en lo emocional. Hay estructuras cognitivas que consolidan nuestras inseguridades, es decir pensamientos compleja y perfectamente estructurados, arraigados, mapeado, que son nuestra estrategia conocida de responder a la realidad. Si pensamos inseguros creamos emociones inseguras y toda la experiencia finalmente termina es ese nivel de inconsciente que nos hace repetir, guardar información incómoda, reprimir y negar.

Sin embargo, tarde o temprano, esto se presenta en nuestras vidas y, directa o indirectamente, lo sentimos. Lo actuamos, es decir, nos comportamos de acuerdo a esta inseguridad emocional. Necesitamos algo que nos la reduzca o quite. Finalmente, la inseguridad emocional es una sensación desagradable que tiene trastornos aparejados y grandes niveles de estrés y ansiedad.

Por lo tanto, buscamos la droga que nos calme. Esa droga es un bastón emocional. Una dependencia y, en el caso que encontramos a alguien con inseguridades (no iguales) como las de uno, nos apoyamos y construimos o colonizamos la relación.

Una vez me dijeron: “ahí encontraste tu hogar”. Yo me revelé con semejante afirmación. No quería ni un minuto aceptar que había colonizado una relación y que sentía como mi hogar las emociones y conductas dependientes que surgirían a lo largo de este vínculo. Lo negaba, lo reprimía, lo resistía y hasta me autoconvencía que era algo absolutamente positivo. Pero no, objetivamente, había colonizado con cientos de inseguridades provenientes de diversos aprendizajes emocionales (en distintos momentos de vida) una relación que estaba llenándome de toxicidad.

Depender para ser felices

Las personas dependientes creen que otra persona les pueden hacer felices. Por muchas razones pero la principal, es que ellas mismas no confían en poder lograr su felicidad. De manera inconsciente, la autoimagen que tienen de sí mismas es de mucha debilidad y vulnerabilidad.

Algunas cuestiones que se relacionan con su personalidad les afecta de manera que pierden el poder y la conciencia de uno mismo y lo ceden a otras personas, cosas, situaciones, representaciones o creencias que les den esta seguridad que les falta y complete su personalidad.

En algunos casos, se logra por un período sentir que se está recibiendo lo que se necesita y se podría decir que funciona. Pero tarde o temprano, si hay alguna alteración en las variables, se entra en crisis catastróficas.

Muchos seres humanos pasan una vida dependiendo y sus rasgos más marcados son la negatividad, la frustración, la predicción de panoramas negativos en sus vidas, la falta de disfrute, el desplazamiento de la culpa a quien no les procura, el exceso de emocionalidad y la disociación de los conflictos emocionales porque, aunque lo provocan, no se sienten parte de la solución, sino que lo tiene que componer de quien se depende.

Rasgos que da la dependencia a la personalidad, son la resignación y patologías depresivas, obsesivas y compulsivas. Para bajar el estrés de sentirse siempre bajo la amenaza del abandono, la pérdida y verdaderamente la imposibilidad de sentir que pueden alcanzar bienestar o felicidad, se buscan mecanismos como las obsesiones y compulsiones.

Amantes del conflicto

El conflicto es un mecanismo a través del cual suceden (mínimo) dos cosas:

  • Se baja el estrés y, se fantasea que se sabe gestionar la ansiedad
  • Se confirman las amenazas y se controlan las personas

En cuanto a la reducción del estrés, el conflicto libera tensiones. De mala manera, pero las libera. Crea otras, sí. Aumenta los síntomas de ansiedad, también. Pero la corriente de adrenalina y cortisol, termina haciendo a las personas adictas. Tiene como una función psicomágica de que sembrando dilemas uno, al final tiene recompensas emocionales: reconciliación, amor para toda la vida, reafirmar que esa unión no se desune.

También se confirman las amenazas de pérdida, abandono o rechazo y hay que luchar contra ello. Mediante esto se controla a la persona o las personas en el vínculo, haciéndoles creer que están a salvo y que allí afuera las imposibilidades de sobrevivir el uno sin el otro son ínfimas.

Los amantes o los vínculos se confirman en la dependencia atravesando por las peores batallas (muchas conllevan humillación o agresión) y cuando llegan a la cúspide, se produce una interrupción por sobre carga y sobreviene un  nuevo período de enamoramiento, una tregua ficticia.

Desenredarse

Creo que la propia existencia de la persona se pierde en relaciones de dependencia o codependencia. Por lo tanto, darse cuenta del sentido que se le está dando a la propia vida, por qué se está sufriendo tanto, cómo es que no hay otra posibilidad para vivir, hace que muchas personas encuentren su sombría existencia y busquen un cambio.

Claro que esto demanda hacer consciente mucho y entonces hay que ver el orden mental y psicológico que ha llevado a una persona a ser dependiente.

El enredo, en ocasiones suele ser de tal magnitud, que se dificulta implementar una estrategia para desarmarlo. Sí puede haber conciencia, pero muy difícilmente actitud para el cambio. En esta instancia, hay quienes quedan sujetos a sentir y pensar que su vida está al borde del abismo.

Lo emocional cuenta y mucho, porque se liga al pensamiento, al inconsciente, a la conducta, incluso a la adicción a las hormonas de la dependencia, mismas del estrés: siempre amenaza, siempre huida ante el peligro.

Para superar la dependencia o la codependencia se requiere conciencia. Algunos puntos en los que considero importante enfocarse:

  1. Descubrir los síntomas de la dependencia
  2. Darse cuenta que algo no está bien
  3. Observar la libertad para ser y elegir (de qué o quién depende)
  4. Revisar la imagen que se tiene de uno mismo
  5. Preguntarse acerca de qué nos hace felices y si nos sentimos capaces de proveernos ese bienestar
  6. Observar los vínculos, cómo los creamos, de qué forma los construimos, arraigamos y consolidamos
  7. Darse cuenta que un vínculo puede madurar y transformarse
  8. Saber que un vínculo o una relación tienen carácter transitorio (aunque puedan durar muchísimo)
  9. Conocer nuestras debilidades y vulnerabilidades
  10. Tener en cuenta cómo se enfrentan las adversidades de la vida
  11. Revisar heridas y traumas, son diferentes e influyen en la vida de cualquiera
  12. Ordenar creencias, por ejemplo; si  se cree que la pareja está obligada a hacernos felices y tenemos algunas nociones fijadas de cómo, se tiene que replantear esa idea antes que sea tarde
  13. Empoderarnos como individuos que pueden satisfacer sus necesidades, gestionar sus emociones y sentirse seguros de sí mismos
  14. Trabajar la confianza, la autoestima, la paz interna
  15. Comprendernos más en un ámbito terapéutico donde se pueda desarrollar conciencia e implementar estrategias de cambio conscientes

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