Mucho se habla de normalizar situaciones que son complejas, adversas y difíciles de entender para nuestra mente y emociones. No se trata de que algo sea “anormal”, es un término que no me gusta. Las cosas son como son, como se presentan y como las entendemos.

Sin embargo, muchas situaciones que tienen un impacto emocional y dejan huella en nuestra psicología, las normalizamos para no sufrir. Aunque no nos demos cuenta que, al no gestionarlas, sufrimos más, lo hacemos como un mecanismo de defensa frente al dolor.

Esto que normalizamos, de una u otra manera, aunque lo justifiquemos o lo disfracemos de “aceptable”, termina por reflejarse en todo; nuestras relaciones, nuestros proyectos, nuestra abundancia, nuestra carencia, nuestra inteligencia… en fin, en todo el desarrollo personal y sus diferentes áreas.

Por lo general, no nos damos cuenta que hemos normalizada. Pero muchas veces si nos escuchamos al pronunciarnos o revisamos nuestros pensamientos, podemos darnos cuenta cómo lo hacemos.

La misma dificultad que estas conllevan las situaciones emocionales que nos duelen profundamente y dejaron su huella, hace que creamos que no podemos enfrentarlas psicológicamente y seamos capaces de entenderlas para superarlas.

Por qué normalizamos:

  • Nos duele mucho
  • Nos da vergüenza
  • No podemos aceptar que algo nos haya sucedido
  • Nos juzgamos por lo que estamos pasando y nos culpamos en cierto modo
  • Cuando hay un interno que dice: “esto no me puede estar pasando”
  • Porque la percepción se distorsiona con base en este dolor
  • Porque damos respuestas que retroalimentan el dolor y no podemos salirnos del círculo vicioso dolor-reacción

Normalizamos cuando:

  • Cuando la herida está escondida en el inconsciente y no la podemos rescatar
  • Cuando justificamos algo o lo minimizamos
  • Porque olvidamos selectivamente el episodio
  • Porque lo juzgamos fuera de nosotros
  • Porque creemos que olvidando se puede
  • Porque tenemos prejuicios sobre el tema que nos duele
  • Porque carecemos de una comprensión de nuestras emociones
  • Porque los sujetos que se relacionan con nuestro dolor son familiares
  • Porque no podemos desafiar determinado esquema familiar
  • Porque nos avergüenza que la sociedad nos juzgue y excluya, incluido la familia
  • Porque culturalmente de eso no se habla
  • Porque no tenemos interlocutores con quienes compartir nuestro dolor/herida
  • Porque ya lo intentamos y nos rechazaron
  • Porque nos creemos insuficientes o incapaces
  • Porque tenemos miedos profundos

La normalización hace que no progresemos, que tengamos muchos miedos sin resolver y capítulos de nuestra historia personal inconclusos.

De modo inconsciente, cuando hemos normalizado el dolor sin gestionarlo, reaccionamos frente a la vida a través de él sin poder vislumbrar cómo vamos construyendo realidades de dolor, de rechazo, de baja autoestima, de insuficiencia con claros trastornos posteriores que nos llevan a cuadros de ansiedad, angustia, vértigo, depresiones o situaciones más complejas.

Siempre recuerdo una persona que conocí hace muchos años y tuve la oportunidad de darle terapia. Llevaba años sin dormir, se desvanecía de cansancio, pero no dormía. Su salud se deterioraba y sus reflejos autónomos (micción, frecuencia cardíaca, etc.) comenzaron a descontrolarse. Esta persona guardaba un secreto traumático. Había sido testigo de algo que, en su niñez, no pudo entender y lo bloqueó. En el marco de la primera sesión lo rescató de su memoria, hizo consciente ese evento y lo puedo contar, llorar y compartir por primera vez en su vida. En ese instante durmió en un sofá aproximadamente tres horas seguidas. Algo que no había podido hacer desde décadas atrás. Había normalizado vivir sin dormir y vivir con el silencio de su dolor. Había normalizado una vida sin disfrute y una salud deteriorada. Había tomado muchísimas píldoras. Lo que necesitaba era darse cuenta que algo no estaba bien, no había sido comprendido y, por fin, pudo tomar contacto con ello.

Mi mayor recomendación es romper con la fantasía de “a mí no me afecta” o “yo puedo por mi cuenta”. Un ser dolido puede desconectar mucho su vida del origen de su dolor y normalizar lo que le sucede sin atender su causa y repetirlo. Una salud afectada, un conflicto crónico familiar, una constante de peleas, fracasos o crisis, pueden ser el efecto de normalizar y revestir el dolor por capas que lo oculten, pero no lo quiten.

Si lees este artículo, mi mayor consejo y esperanza es que te animes a hacerlo y que te animes a levantar la mano si necesitas ayuda. Puedes empezar una nueva vida en el momento que sea.Video Complemento.

Julio Diez Testa – Coach en mindfulness, desarrollador de Mindfulness de 10, NeuroMindfulness y Mentoría de vida con terapia de trauma y resiliencia. contacto@juliodieztesta.com